La experiencia de pintar en la playa.

Pintar en la playa

Pintar al aire libre es una de las experiencias creativas más gratificantes que puedes realizar. Te cuento la historia de una amiga, quien probó a hacerlo por curiosidad y ahora se ha convertido en uno de sus hobbies preferidos.

Aquella ruptura marcó tanto a Nuria, que decidió poner tierra por medio. Aceptó un trabajo en Tarragona y alquiló un piso en Segur de Calafell, un bonito pueblo costero que no ofrecía más interés que un paseo marítimo interminable y kilómetros de playas encadenadas.

En algo más de media hora en coche, se plantaba en su puesto de trabajo. Acostumbrada al bullicio de Barcelona, terminada su jornada laboral, no sabía a qué dedicar su tiempo. Lo que tenía claro es que no se iba a quedar encerrada en casa. Así que desempolvó una de sus aficiones, la pintura. Se hizo con los útiles necesarios. Con un caballete, una serie de lienzos vacíos, unos pinceles y un maletín de madera repleto de tubos de pintura al óleo. A eso de las 5 de la tarde, se plantaba en un lugar discreto de la playa y se disponía a plasmar el paisaje sobre un lienzo en blanco.

Acababa de empezar el otoño. La playa estaba vacía. El atardecer crepuscular envolvía el ambiente en un tono melancólico que no rompía por completo con la intensidad del sol mediterráneo. Un entorno convaleciente marcado por una luz brillante en la línea del horizonte, un hilo de esperanza al que agarrarse. Y allí estaba ella, tarde tras tarde. Con los pinceles en la mano. Como un animal lamiendo sus heridas.

Pintó la playa en otoño, después en invierno, más tarde en primavera. Como si quisiera dejar testimonio de la evolución de un ser vivo. No era la única persona que frecuentaba el arenal. Algunos hombres del lugar echaban la tarde clavando largas cañas de pescar en la arena, esperando a que algún pez distraído mordiera el anzuelo. Así conoció a Manel. Uno de esos pescadores, que observaba la evolución de sus cuadros y que esperaba a que Nuria recogiera sus bártulos para acompañarla, primero a la puerta de su casa, y semanas más tarde, a tomar una cerveza en una terraza antes de que ella se recogiera definitivamente.

La relación con Manel fue progresando. Tal vez más lento de lo que él esperaba. Con el año entrante, alguna noche quedaban a cenar. Algún fin de semana, Manel dormía en el piso de Nuria. Nuria había aprendido de sus errores. Tal vez, Manel no fuera el hombre indicado. El caso es que Nuria puso los límites. Se mantuvo firme en ellos. No estaba dispuesta a plantearse una vida en común. A volver a llevarse una nueva desilusión.

Con la llegada de la primavera, la pintura de Nuria se fue volviendo más alegre, más vitalista. La playa iba recibiendo cada vez más visitantes. Uno de los reparos que le preocupaban al principio, el hecho de pintar a la vista de la gente, se fue rompiendo por la inercia. Ya no le importaba que a escasos metros de su ubicación, un grupo de chicos desplegara sus toallas para tomar el sol, que hicieran comentarios sobre su pintura. Respondía a las preguntas de los curiosos como podía, ella estaba abstraída en su trabajo.

Tras la noche de San Juan, comenzaron los primeros roces. Manel ya no iba a pescar a la playa; frecuentaba los chiringuitos que se acababan de abrir. Quería que Nuria le acompañara. Pero Nuria prefería seguir pintando. Su pintura era más importante para ella que los deseos de su compañero. Lo cual despertó sus celos. Lo que un día les unió, ahora les estaba separando. Nuria no se sentía mal. Todo lo contrario. Nada quedaba de aquel resquemor que le llevó a refugiarse en la costa tarraconense.

Nuria ha vuelto a Barcelona. Era cuestión de tiempo. Aquí estamos sus amigos. No ha dejado de pintar. Tanto es así, que si un día queremos verla, basta con que nos demos un paseo cualquier tarde por la playa del Bogatell, a pocos metros de la Barceloneta.

Sorolla. El pintor y la playa.

Son muchos los pintores que en algún momento de su carrera se han inclinado por pintar en la playa. Es una manera de entrar en contacto con la naturaleza. El más relevante de todos ellos quizás sea el valenciano Joaquín Sorolla.

Aunque Sorolla fue uno de los primeros pintores en utilizar la fotografía como modelo, su suegro, Antonio García Perís, un reputado fotógrafo valenciano de principios del siglo XX, lo introdujo en la técnica fotográfica. Como cuenta National Geographic, Sorolla acostumbraba a acudir a pintar a la playa. En especial a la playa de la Malvarrosa, escenario de muchos de sus cuadros más conocidos. El uso de la luz se convirtió en una de las obsesiones del pintor. Pocos pintores han sido capaces de capturar la luz del Mediterráneo con tanta fidelidad como lo hizo Sorolla.

Captar el movimiento es otra de sus grandes preocupaciones. Como dijo en una ocasión: “Me sería imposible pintar despacio al aire libre, aunque quisiera… No hay nada inmóvil en lo que nos rodea. El mar se riza a cada instante; la nube se deforma, al mudar de sitio […] aunque todo estuviera fijo, bastaría que se moviera el sol, que lo hace de continuo, para dar un diverso aspecto a las cosas». En sus cuadros, Sorolla refleja el suave movimiento de las olas, los pliegues en la ropa que provoca la brisa marina, los gestos corporales de sus modelos, que rara vez están quietos. Y no lo hace capturando el momento como lo haría una instantánea, sino intentando transmitir toda esa energía en la fuerza de sus cuadros.

Un estudio al que dedicó su carrera, y una maestría desarrollada con la práctica, la de captar la luz y el movimiento, que han convertido a Sorolla en uno de los  grandes pintores de la historia.

El equipo que necesitas para pintar al aire libre.

Pintar en el campo, en la playa o en plena naturaleza es sugestivo. Tienes ante tus ojos bellas escenas que plasmar. Pero no podemos olvidarnos de que tenemos limitaciones con respecto a trabajar en un estudio. Debemos llevar con nosotros lo imprescindible. El blog Pintura Rápida presenta una lista de los elementos básicos que necesitas llevar contigo para pintar en el exterior.

Curiosamente, comienza la lista con la mesa de pintor. Una mesa plegable que utilizan tanto los pintores de brocha gorda, como los pintores artísticos, y que resulta útil para pintar en cualquier sitio. Sobre todo al aire libre. Ya que el pintor necesita tener a mano todo lo necesario para pintar, y qué mejor manera de hacerlo que tenerlo sobre esta mesa.

Por supuesto, necesitas el caballete y el lienzo. Un caballete, que de igual manera, debe ser plegable y debes poder transportarlo a cualquier sitio a donde te desplaces.

Otro elemento fundamental es la maleta del pintor. Una maleta que suele ser de madera y en cuyo interior se guardan las pinturas y útiles que vayas a necesitar. Hay pintores que utilizan mochilas o cajas, pero la maleta es el recipiente más adecuado para tenerlo todo bien organizado.

Un pintor de exterior debe llevar consigo una paleta. Una tabla de madera o de plástico en la que ir colocando los pigmentos para obtener el color y tono deseado. Esta paleta debe ser grande, para poder trabajar con comodidad, y se suele colocar sobre la mesa plegable, para que el pintor tenga las manos libres.

Las pinturas, y el disolvente o líquido aglutinante son fundamentales. Depende de la técnica que vayamos a utilizar, llevaremos con nosotros tubos de pintura al óleo, botes de témperas, acuarelas, etc. Así como aceite o un recipiente para el agua. Todo esto debemos tenerlo guardado en la maleta.

Por supuesto, necesitamos las espátulas, paletinas y pinceles para poder pintar. De distinto grosor y con diferente textura, adecuados a los efectos y pinceladas que necesitemos dar en cada momento.

Depende de dónde te halles, adquirir o reponer estos materiales puede ser complicado. Mi amiga Nuria me cuenta que en Barcelona tiene sus tiendas de materiales para bellas artes localizadas, pero que cuando vivió en Segur de Calafell se le hizo un poco cuesta arriba. En aquella época compraba los materiales por internet, en tiendas online especializadas como Artespray, una tienda digital que se dedica a la distribución de productos relacionados con las manualidades y la pintura. Internet es una solución cómoda, ya que te llevan lo que necesitas a casa, con independencia del lugar en el que te encuentres.

Los beneficios de pintar en la playa.

Pintar ya de por sí, reporta grandes beneficios para quien lo practica. Le hace desconectar de sus preocupaciones diarias, por lo que es un fantástico antídoto contra el estrés, fomenta la concentración, y da rienda suelta a nuestra creatividad. Pero hacerlo en un lugar como la playa nos aporta una serie de ventajas adicionales. Estas son algunas de ellas:

  • Aprovechar una luz natural: La playa ofrece unas condiciones de iluminación difíciles de encontrar en otros entornos. Los cambios de luz a lo largo del día, los reflejos sobre el agua y los contrastes entre el cielo y el mar permiten experimentar con colores, sombras y técnicas pictóricas.
  • Mejorar la capacidad de observación: Pintar un paisaje marino obliga a fijarse en pequeños detalles como el movimiento de las olas, la textura de la arena, las nubes o las variaciones de color del agua. Este ejercicio desarrolla la atención a los matices.
  • Encontrar inspiración en un entorno cambiante: A diferencia de un estudio, la playa está en constante transformación. Las mareas, el viento, la posición del sol o la presencia de personas y embarcaciones hacen que cada sesión de pintura sea diferente y ofrezca nuevos estímulos creativos.
  • Estimula los sentidos durante el proceso creativo: Además del componente visual, pintar junto al mar permite disfrutar del sonido de las olas y la brisa, el olor a salitre. Esta experiencia favorece un proceso creativo más inmersivo que estimula la creatividad del artista.
  • Aprender a trabajar con las condiciones del entorno: El viento, la humedad, la intensidad del sol o los cambios de luz suponen un reto para cualquier artista. Adaptarse a estas circunstancias ayuda a desarrollar habilidades como la rapidez en la ejecución, la capacidad de improvisación y la toma de decisiones sobre la marcha, aspectos valiosos para mejorar la técnica pictórica.

El objeto del cuadro.

Cuando salimos a pintar al exterior, lo que queremos es plasmar un paisaje o capturar la luz natural. Incluso, cuando queremos pintar una escena protagonizada por personas, animales u objetos en movimiento, estos dos elementos, la luz y el paisaje, cobran una importancia que sobrepasa el simple marco de la composición.

Debemos perder el miedo a pintar paisajes. Es imposible que podamos reflejar toda la belleza de un paraje natural en un cuadro, por lo que tenemos que realizar un ejercicio de observación y centrar nuestra atención en un detalle. Detalle que va a ser la piedra angular de la creación.

A la hora de pintar paisajes, el blog Crehana nos habla de dos conceptos fundamentales: la perspectiva y los puntos de fuga.

La perspectiva es el elemento que va a dar profundidad al cuadro. El que va a transformar una creación plana en dos dimensiones, en una creación tridimensional.

Un recurso interesante es utilizar un enfoque cruzado. No pintar el detalle u objeto de frente, sino desde dos ángulos de 45 grados frente a la diagonal que parte por la mitad el detalle central. Dos puntos que forman entre sí un ángulo de 90 grados. Cada uno de los ángulos tiene su punto de fuga. Es decir, el horizonte donde se pierde la mirada. Plasmar esos puntos de fuga aporta profundidad y personalidad al cuadro.

Si queremos plasmar la luz, es interesante acudir al mismo sitio, todos los días a la misma hora. Esto nos enseñará a pintar rápido. Para aprovechar al máximo las condiciones lumínicas y ambientales del paisaje.

Pintar en la playa o en cualquier paraje natural es otra manera de pintar.

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