Desmontando mitos sobre el blanqueamiento dental.

Voy a ser sincera: durante años tuve miedo al blanqueamiento dental. Había escuchado tantas cosas, leído foros con miles de opiniones, visto vídeos contradictorios… que acabé convenciéndome de que era algo artificial, agresivo y hasta peligroso. Lo típico: que si te deja los dientes sensibles para siempre, que si te los deja transparentes como papel cebolla, que si una vez lo haces ya no hay marcha atrás ¡De todo! Pero con el tiempo, descubrí que todas esas “verdades” estaban bastante lejos de la realidad.

Por eso me apetecía mucho escribir esto: porque me cansé de tanto mito suelto y de tantas medias verdades que hacen que muchas personas ni se planteen mejorar su sonrisa. Y no, no hablo de modas ni de obsesión por la estética, sino de sentirte bien contigo misma. Así que, si estás en ese punto de duda, espero que esto te ayude tanto como me habría ayudado a mí hace un tiempo.

¡Quédate a descubrirlo conmigo!

A ver, ¿Qué es exactamente un blanqueamiento dental?

Antes de desmontar nada, quiero dejar claro a qué nos referimos: el blanqueamiento dental es un tratamiento estético (que puede realizarse en clínica o con productos supervisados) que tiene como objetivo aclarar el tono natural de los dientes eliminando manchas y pigmentaciones acumuladas por alimentos, bebidas, tabaco u otras causas.

Digamos que, aunque de forma natural nuestros dientes no sean súper blancos, lo cierto es que se suelen ir estropeando y manchando por diversas causas, hasta que para muchos se tornan en un amarillo bastante feo que causa que quien lo sufre no quiera sonreír por nada del mundo. Pues bien: el blanqueamiento es un tratamiento adecuado para este tipo de casos, pero claro, al tratarse de una mejora estética y no por “salud”, las falsas creencias y las críticas abundan sin contexto.

Y ya que estamos, empecemos a derribar la primera idea errónea…

 “El blanqueamiento desgasta el esmalte”.

Este fue el que más me echó para atrás. “Te comes los dientes”, decían algunos. Y lo entiendo, porque cuando escuchas “producto químico” y “dientes” en la misma frase, no suena muy bien. Sin embargo, resulta que los productos utilizados en clínicas profesionales están preparados para ser seguros y actuar solo a nivel superficial, sin dañar el esmalte si se usan correctamente.

De hecho, según me comentaron en la Clínica Compostela Dental Center, los geles blanqueadores actuales contienen peróxidos (de hidrógeno o de carbamida) en concentraciones controladas, que penetran en la dentina para aclararla sin alterar la estructura del diente. Eso sí: siempre que el tratamiento esté supervisado, nada de ponerse cualquier cosa comprada por internet a lo loco.

“Duele muchísimo y te quedas con los dientes sensibles para siempre”.

Este era mi segundo gran temor. La sensibilidad dental me parece una de las sensaciones más incómodas que existen, y no quería arriesgarme a vivir así eternamente; me informé, y según leí sí que puede haber sensibilidad temporal durante o después del tratamiento (sobre todo en las primeras horas), pero suele ser pasajera y tratable con productos que te recomiendan en la clínica, como pastas especiales que tratan la sensibilidad.

“Se te quedan los dientes blanco neutro, y poco naturales”.

Ah, el clásico. Confieso que yo también pensaba que acabaría con unos dientes tipo muñeco de cera, pero lo que aprendí es que el blanqueamiento no cambia tu color natural por uno inventado: aclara el tono que ya tienes, eliminando pigmentos que lo oscurecen, pero siempre respetando un rango de naturalidad.

El resultado final depende de muchos factores: tu genética, tus hábitos, el color original de tus dientes… Pero en ningún caso deberías parecer una persona salida de una edición de Photoshop.

“Una vez te lo haces, te enganchas y necesitas repetirlo cada poco tiempo”.

Este me daba bastante respeto, porque no quería acabar esclavizada a un tratamiento. Sin embargo, la realidad es que los efectos del blanqueamiento dental pueden durar entre uno y tres años, dependiendo de tus hábitos.

Por ejemplo, si fumas, tomas mucho café, vino tinto o té negro es probable que el color se oscurezca antes. Pero también puedes hacer mantenimientos suaves en casa con férulas personalizadas o pastas recomendadas por tu dentista.

“Es carísimo”.

Este es muy relativo, porque sí, un blanqueamiento profesional en clínica puede costar entre 200€ y 500 €, pero también hay opciones intermedias, como kits que se hacen en casa (siempre supervisados por tu dentista) o la combinación de ambos.

Además, si haces cuentas de todo lo que gastamos a lo largo del tiempo en cosas mucho menos duraderas, quizás no sea tan descabellado.  

“Los tratamientos naturales son igual de buenos y más seguros”.

Aquí entro en terreno polémico, pero me parece importante decirlo: cuidado con los remedios caseros que se anuncian en internet y las redes sociales. Hay muchísimos vídeos que recomiendan el uso de bicarbonato, carbón, limón o incluso fresa para blanquear los dientes, y no son tan buena idea. Puede que algunos puedan parecer inofensivos, pero lo cierto es que pueden provocar daños con el tiempo.

  • El bicarbonato, por ejemplo, es abrasivo.
  • El limón tiene un pH muy ácido que puede desgastar el esmalte.
  • El carbón… bueno, además de raspar, no está demostrado que funcione como se promete.

Como ves, es fácil caer en la trampa de usar lo más “natural”, pero lo cierto es que lo “natural” no siempre es lo más adecuado. ¡Cuidado con eso!

“Si tienes empastes o fundas, también se blanquean”.

¡Error! El blanqueamiento solo afecta al tejido natural del diente. Las coronas, carillas o empastes estéticos no cambian de color, de modo que, si tienes muchas piezas restauradas, conviene valorarlo bien antes, porque puede que el color final no quede homogéneo.

“Mejor esperar a tener los dientes perfectos antes de hacerlo”.

Esto es como esperar a tener el cuerpo perfecto para ir al gimnasio: nunca llega. Evidentemente, si tienes caries sin tratar, infecciones o problemas serios de encías, primero hay que tratarlos; pero eso no quiere decir que necesites tener la sonrisa perfecta de anuncio para plantearte un blanqueamiento. De hecho, en ocasiones este es precisamente el paso que te motiva a cuidar mejor tu salud bucal.

Además, si lo piensas bien es una tontería pensar que debemos tener la boca “a punto” para ponerla más bonita, ya que si estuviera a punto ¡no necesitaríamos pensar en mejorarla en absoluto! ¿A que no? Así que no te preocupes y mira el blanqueamiento como una solución más.

“Es solo para gente que pone su físico por encima de todo”.

Pensar que el blanqueamiento dental está limitado a las personas más superficiales no es buena idea, ya que mejorar nuestra sonrisa o algo que no nos hace sentir bien con nosotros mismos, no nos hace superficiales: al revés, es un acto de auto cuidado. Muchas veces, lo hacemos porque nos afecta realmente en cómo nos vemos y en cómo nos sentimos. Hay personas que han dejado de reír a carcajadas, de salir en fotos y de hablar con confianza por complejos con sus dientes, así que recuerda: no se trata de impresionar a nadie, sino de reconectar con una parte de ti que quizás tenías olvidada.

La voz de la experiencia.

Yo también acudí al dentista intentando mejorar esa parte de mí misma, y tuve mis dudas, pero al final puedo decirte desde mi experiencia, que el blanqueamiento dental no me cambió la vida, pero sí me hizo sentirme más yo ¡Como si me quitara una capa de polvo que llevaba encima sin darme cuenta! Y lo mejor de todo fue descubrir que no había por qué temerlo tanto, ni a eso, ni a nada.

Lo más importante es no lanzarse sin más, e ir informada siempre. Por eso, sigue mi consejo y si quieres blanquearte los dientes, acude a una clínica de confianza, pregunta todo lo que necesites, y asegúrate de que todo el proceso está supervisado ¡Ya verás que todo va sobre ruedas! Y si algún sitio no te convence, no te preocupes: hay muchos sitios dispuestos a darte un buen servicio, y además hoy en día podemos encontrarlos mucho más fácil que nunca.

Y no te olvides de unos consejos.

Antes de acabar quiero que recuerdes algo:

  • Si puedes cuidar tu salud dental hoy, hazlo. No esperes a hacerte grandes tratamientos, sé limpio y cuídate. Además, si te haces una limpieza antes del blanqueamiento notarás tus dientes aún más relucientes.
  • Sigue los consejos de tu dentista.
  • Cuida tus hábitos después. Para alargar el efecto, conviene reducir el consumo de alimentos que tiñen (o cepillarte justo después).
  • No te quites de las cosas que te gusten: no demonices el café ni el vino, se trata de cuidarte de ciertos hábitos que podrían perjudicarte, pero no de quitarlos para siempre. El auto control se trabaja día a día, y una vez lo domines disfrutarás aun más de esos pequeños placeres.
  • Y por favor, si fumas ¡Plantéate dejarlo! Ya no sólo para estar bien tras tu blanqueamiento dental, sino por tu propia salud.

Espero que te haya servido este artículo y que por fin veas el blanqueamiento con otros ojos ¡Que lo disfrutes!

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